Por un segundo vio pasar todo delante de él y se perdió. Se perdió en su maravilloso y único desierto de dudas. Le quisieron dar algo bueno y lo rechazó.
Lo rechazó porque desconfiaba que alguien le pudiera dar algo sólo por que sí.
Duele pero nadie le da nada a nadie sin antes asegurarse que en ese dar se queda con la mejor parte.
Siempre lo supo y sólo lo olvida de vez en cuando para creerse unos maravillosos sueños que se inventa.
Los únicos verdaderos sueños los tiene dormido o drogado y es una carga difícil de soportar. Nunca un sueño se le hizo realidad y mucho menos nunca su realidad fue un sólido y sueño.
Va por la vida pensando que ésta vez puede ser y se vuelve a equivocar.
Cree tener algo y lo rompe con sólo querer tomarlo. Es triste el "destino" pero lo enfrenta. Nada lo puede herir a excepción de sí mismo, según dice él mismo. —Vengan y prueben!, suele gritar por las calles.
No hay cosa en este mundo comparable con la omnipotencia de la derrota.
Nada se compara a la adrenalina que descarga ante cada estocada del "destino".
Se desgarra día a día su piel con cada sólido revés del látigo.
—No se decepcionen si no me quiebro!, grita otras veces con furia.
Para algunos hasta parece ser un desafío encontrarse con alguien tan débil como para perder todos sus sueños uno por uno y a la vez tan fuerte como para hacerlo sin que una maldita muesca se le haga en la cara.
-Eso es todo?, termina preguntando con una mezcla de resignación y de risa irónica.
Igualmente yo en la soledad de mis pensamientos no sé si realmente creerle porque me han contado que una vez lloró.
Nadie sabe porque fue ni cuando exactamente pero se suele pasar el rumor que dice que una vez se lo oyó llorar. El lo niega y dice que es un error.
Dice que lo que escucharon es sólo el lamento de otra persona o quizás el sonido del viento entrando sin permiso y haciendo chillar esa vieja ventana apolillada.
No creo que el viento llore pero nunca se sabe. Quizás el viento sienta y sufra como cualquiera cosa de éste mundo . O también puede ser que haya llorado y que lo que lo hizo llorar haya sido ese viento implacable que lo persigue siempre.
Corrigiendo sus propias palabras yo diría que no es él mismo lo único que lo daña sino que el viento lo daña y lo golpea una y otra vez.
Algunos a ese "golpeador" lo pueden llamar destino pero yo prefiero llamarlo viento.
Creo que lo hago para adaptar mis palabras a sus sentimientos porque se niega a creer en la crueldad de algo a lo que la gente llame destino pero sí cree en la crueldad del viento.
El viento está vivo y golpea pero él esta roto y se desarma.
Ahí está el problema. No le griten sí es que les contesta mal ese hombre.
No lo compadezcan si está triste. Déjenlo que llore a la vista de todos.
Si quieren no lo consideren como hombre sólo porque llora pero no le tengan lástima porque sino empieza a ocultarse y hacerse invisible ante los ojos de los que le mienten.
Queda al acecho para la venganza más cruel que es su arte de dar vuelta las cosas.
Por último, ténganle cariño pero no le acaricien la cabeza porque odia eso.
Si no lo quieren no lo toquen porque duele. Cada caricia le duele más que mil latigazos furibundos sobre su fuerte espalda.
Y recuerden que no siempre puede proteger a su corazón con una inmensa espalda.
Evangelio de Juan III, 8. El Viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido.
Más ni sabes de dónde viene, ni a dónde vaya:
Así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
Lo rechazó porque desconfiaba que alguien le pudiera dar algo sólo por que sí.
Duele pero nadie le da nada a nadie sin antes asegurarse que en ese dar se queda con la mejor parte.
Siempre lo supo y sólo lo olvida de vez en cuando para creerse unos maravillosos sueños que se inventa.
Los únicos verdaderos sueños los tiene dormido o drogado y es una carga difícil de soportar. Nunca un sueño se le hizo realidad y mucho menos nunca su realidad fue un sólido y sueño.
Va por la vida pensando que ésta vez puede ser y se vuelve a equivocar.
Cree tener algo y lo rompe con sólo querer tomarlo. Es triste el "destino" pero lo enfrenta. Nada lo puede herir a excepción de sí mismo, según dice él mismo. —Vengan y prueben!, suele gritar por las calles.
No hay cosa en este mundo comparable con la omnipotencia de la derrota.
Nada se compara a la adrenalina que descarga ante cada estocada del "destino".
Se desgarra día a día su piel con cada sólido revés del látigo.
—No se decepcionen si no me quiebro!, grita otras veces con furia.
Para algunos hasta parece ser un desafío encontrarse con alguien tan débil como para perder todos sus sueños uno por uno y a la vez tan fuerte como para hacerlo sin que una maldita muesca se le haga en la cara.
-Eso es todo?, termina preguntando con una mezcla de resignación y de risa irónica.
Igualmente yo en la soledad de mis pensamientos no sé si realmente creerle porque me han contado que una vez lloró.
Nadie sabe porque fue ni cuando exactamente pero se suele pasar el rumor que dice que una vez se lo oyó llorar. El lo niega y dice que es un error.
Dice que lo que escucharon es sólo el lamento de otra persona o quizás el sonido del viento entrando sin permiso y haciendo chillar esa vieja ventana apolillada.
No creo que el viento llore pero nunca se sabe. Quizás el viento sienta y sufra como cualquiera cosa de éste mundo . O también puede ser que haya llorado y que lo que lo hizo llorar haya sido ese viento implacable que lo persigue siempre.
Corrigiendo sus propias palabras yo diría que no es él mismo lo único que lo daña sino que el viento lo daña y lo golpea una y otra vez.
Algunos a ese "golpeador" lo pueden llamar destino pero yo prefiero llamarlo viento.
Creo que lo hago para adaptar mis palabras a sus sentimientos porque se niega a creer en la crueldad de algo a lo que la gente llame destino pero sí cree en la crueldad del viento.
El viento está vivo y golpea pero él esta roto y se desarma.
Ahí está el problema. No le griten sí es que les contesta mal ese hombre.
No lo compadezcan si está triste. Déjenlo que llore a la vista de todos.
Si quieren no lo consideren como hombre sólo porque llora pero no le tengan lástima porque sino empieza a ocultarse y hacerse invisible ante los ojos de los que le mienten.
Queda al acecho para la venganza más cruel que es su arte de dar vuelta las cosas.
Por último, ténganle cariño pero no le acaricien la cabeza porque odia eso.
Si no lo quieren no lo toquen porque duele. Cada caricia le duele más que mil latigazos furibundos sobre su fuerte espalda.
Y recuerden que no siempre puede proteger a su corazón con una inmensa espalda.
Evangelio de Juan III, 8. El Viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido.
Más ni sabes de dónde viene, ni a dónde vaya:
Así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
Gonzalo





